lumberwatches

Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA RELOJERA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA RELOJERA. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de octubre de 2008

JULIO CORTAZAR...






Instrucciones para dar cuerda al reloj
Julio Cortázar
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

UN RELATO CORTO....CON UN RELOJ COMO PROTAGONISTA

LA MENTIRA

Justo en el momento en que madre hacía callar a mi hermano Arturo, padre entraba en casa. Pude escuchar perfectamente como se cerraba la puerta, le daba el abrigo a Puri y ésta cortésmente, le preguntaba cómo le había ido el día.
Mentalmente conté sus pasos hasta que entró en el comedor, tomó asiento y exclamó, ¡buenas!
Al igual que todos los días, mis hermanos pequeños se levantaban mecánicamente de la mesa para darle un beso a padre. A los mayores, entre los que yo me encontraba, nos habían eximido de tal gesto y nunca nos levantábamos, un ademán de reconocimiento con la mano era suficiente.
Recuerdo el día perfectamente porque no fue una comida cualquiera. Mientras padre leía el periódico y sorbía ruidosamente la sopa, madre y Puri intentaban que los gemelos se comieran la suya. Como siempre, mi hermana Mercedes discutía con mi hermano Arturo sobre las reformas de turno que el gobierno del General Franco estaba implantando en las universidades de todo el país.
Mientras, yo, me centraba en mi sopa intentando pasar inadvertido, diríase que estaba comiendo el más delicioso de los manjares en lugar de una triste sopa, a juzgar por la atención que le dedicaba.
Fue al terminar el primer plato y justo cuando comenzaba a hacerme esperanzas de que se hubiese olvidado del asunto, cuando padre, sin levantar la mirada del periódico me preguntó:

-¿Carlos, has ido a ver a Venancio por lo del reloj?
- Si padre, contesté
-¿Y? - volvió a preguntar
- Pues que no lo tendrá hasta dentro de por lo menos tres semanas- le contesté.

En la mesa se produjo un silencio sepulcral durante lo que a mi me parecieron horas. El miedo recorría mi espina dorsal como un chorro de agua en una cascada sin fondo, era la tercera vez en el último mes que me preguntaba por el reloj, y era la tercera vez que le mentía.

-¿Sabes que me costó mucho trabajo comprarte ese reloj, verdad hijo
- Sí padre- contesté
- Todavía sigo sin explicarme como conseguiste romper el cristal, por lo que me costó lo suponía irrompible!
- Ya le conté padre, estaba en…-¡No me creo nada Carlos!- me interrumpió
- esta tarde iré yo mismo a ver a Venancio y qué me explique a qué se debe la demora.

En esos momentos el miedo paralizó todos mis sentidos, mi estomago se cerró como un portazo en un enfado, y mi cabeza retornó al estado más pueril que pudiera recordar.
Mi vejiga se hinchó como un pez globo y noté como pequeñas gotas de orina se peleaban por salir al exterior mientras mis rodillas se juntaban con tanta fuerza como el apretón de manos de un joven novio a su futuro suegro.
Había llegado el momento más temido, pero en el fondo quizás el más esperado, el final de una mentira que buscaba asomarse al exterior en forma de frío sudor y pequeños riachuelos de vergüenza inundando mis mejillas.
No tenía valor suficiente para enfrentarme a padre, no tenía valor para fijar mi mirada en su mirada, no podía articular palabra noble, me sentía cobarde.Necesitaba urgentemente una salida, me debatía interiormente entre continuar la absurda farsa o sucumbir ante el inconsciente deseo de finalizar con ese entuerto.
Analicé en breves instantes la situación, debía tomar una decisión lo más rápida posible que pudiera alejarme de aquella angustia, era como la última mano de una partida de póquer en la que sabes que tu adversario tiene mejor jugada que tú.
En mi bolsillo quemaba el resguardo de la casa de empeños del Monte de Piedad, y en el garaje de Lucio, mi mejor amigo, bajo una manta roída y fea se ocultaba mi nueva y lustrosa Vespa.
Un regalo que tanto esfuerzo le había costado a padre comprarme, sin saber, que me lo había comprado él.